lunes, diciembre 5

¿Ética de la convicción, o vocación de justicieros?

"Nuestras convicciones más arraigadas, son las más sospechosas. Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión" (Ortega y Gasset) 

Algunos acontecimientos últimos que han producido ríos de tinta y de palabras  me han hecho volver a temáticas muy sesudas que hacía tiempo no usaba en mis conversaciones cotidianas. Puedo parecer pedante y es lo que menos desearía, porque, francamente, dejé la tarima de las clases de Ética hace ya algunos años, aunque eso sí, durante el tiempo que me dediqué a formar a profesionales del Trabajo Social, aprendí muchísimo sobre esta disciplina, no sólo en su vertiente teórica, sino principalmente en lo que significaba para nuestra vida real.   
Francamente, me dan pánico las personas de una pieza; esas que se suponen a sí mismas puras y limpias, libres de cualquier fisura, Quizás un adolescente, o cuando aún somos jóvenes y no hemos tenido que pasar por dramas que nos han obligado a tomar decisiones, no siempre impecables moralmente, quizás entonces nos atrevemos a situarnos por encima de la mayoría y juzgar ciertas cosas de una manera absoluta: Esto está bien, esto está mal. Creo que a todos nos ha podido pasar en algún momento

martes, octubre 4

Un pregonero controvertido

Ando un poco removida estos días con los dimes y diretes sobre el pregón de fiestas de la ciudad de Barcelona. Y ustedes dirán: ¿Pero bueno, qué nos importa a nosotros lo que pasa en Barcelona? Ya tenemos bastante con lo nuestro. Y sin embargo, tenemos la misma patrona. Curiosa coincidencia, que me lleva a preguntarme cómo es que en Jerez no se hace pregón de fiestas. Al menos, que yo sepa. 
Como iba diciendo, el Día de la Mercè de la ciudad de Barcelona se ha convertido, este año, en una especie de pulso entre pro independentistas y aquellos que, siendo y sintiéndose catalanes, están en desacuerdo con el llamado “Procès”.

miércoles, septiembre 14

De cortesía y buenos modales

Lo más interesante del mundo virtual es que, a veces, estás buscando algo y de pronto descubres un artículo con el que no contabas. ¡Ay señor, qué dilema! ¿Lo leo, o no lo leo? ¿Lo dejo pasar y sigo con lo mío…, o curioseo un poco? La verdad es que fisgonear es un arma de doble filo, porque querer leerlo todo resulta poco eficaz;  pero… ¡qué le voy a hacer! Soy curiosa con respecto a determinadas temáticas y a veces me salgo de la senda por la que iba directa a mi objetivo,  cojo una vereda que la cruza y me pierdo. Bueno, más que perderme, descubro con asombro cuántas miradas puede tener un mismo fenómeno. Pues eso es lo que me acaba de pasar en estos días finales de agosto.                                                  
Sumergida en la redacción de un libro de testimonios de andaluces que en los años sesenta emigraron a Catalunya, me topé con un estudio muy interesante: “La acomodación lingüística de la inmigración latinoamericana en Madrid”. No me pude resistir. Se trata de una cuestión que en cierto modo me afecta, porque, desde hace años, me relaciono con personas venidas de distintos países latinoamericanos.                                                                                

lunes, julio 25

De graduaciones y ritos de paso

A veces, Facebook me regala alguna frase inspiradora que, como ahora, aprovecho para mi artículo semanal.  Supongo que casi todo el mundo conoce al Juez Calatayud; ese hombre campechano que suele llamar al pan pan y el vino vino. Vaya, que, como suele decirse, no tiene pelos en la lengua. Aunque la actitud y las frases lapidarias del magistrado escandalicen al personal, lo cierto es que muchos de nosotros, en la intimidad, aplaudimos la valentía del magistrado. 
Y es que la mayoría de nosotros prefiere callar antes de decir algo políticamente incorrecto. Tenemos mucho miedo a la crítica y a ser señalados como retrógrados y de esa forma quedarnos más o menos en el pelotón de los mirados con recelo, en este mundo tan dado a repetir consignas y opiniones ajenas. Nos da pereza pensar y mucho más disentir.  


domingo, julio 17

De memoria y olvido

Sentados en la confortable cafetería de un hotel en la Gran Vía madrileña, diría que todos esperan impacientemente el turno, sin saber qué es exactamente lo que tienen que contar. Pero no hay precipitación, aunque en algún momento se cruzan dos conversaciones. Hay ganas de compartir, de conocerse y de colaborar en algo que ni siquiera saben qué puede ser. Al final todos escuchan con atención a sus compañeros, que van, poco a poco, entrando en ese rincón olvidado donde las vivencias duermen silenciosas a la espera de ser rescatadas. Alguien las zarandea, sacude el inconsciente con afecto e interés y de pronto surgen anécdotas, retazos sueltos de la infancia, sin un hilo conductor, pero con la suficiente fuerza emotiva como para arrastrar tras de sí la memoria grupal,  que podría llegar a ser colectiva. Hay en el ambiente una especie de hálito que se percibe como un lazo con el que todos se sienten identificados.


lunes, junio 13

El mármol hecho carne

Gian Lorenzo Bernini nació en 1598 en Nápoles, ciudad natal de su madre, Angelica Galante. Su padre era el escultor Pietro Bernini cuando Gian Lorenzo tenía seis años, se trasladó a Roma, donde Pietro trabajaba bajo la protección del cardenal ScipioneCaffarelli-Borghese, a quien muestra el precoz talento de Gian Lorenzo, recibió las primeras enseñanzas de su padre, el escultor manierista Pietro, cuya influencia se notaría en las primeras obras de Gian Lorenzo, a su lado el joven Bernini aprendería la organización de un taller colectivo (en el futuro dirigirá muchos) y la fusión interna de un proyecto arquitectónico con la iconografía, la escultura y la pintura.