jueves, mayo 31

Rebelión: mujeres poetas olvidadas



Serán las madres las que digan: basta.
Esas mujeres que acarrean siglos
de laboreo dócil, de paciencia,
igual que vacas mansas y seguras
que tristemente alumbran y consienten
con un mugido largo y quejumbroso
el robo y sacrificio de su cría.
 
Serán las madres todas rehusando
ceder sus vientres al trabajo inútil
de concebir tan sólo hacia la fosa.
De dar fruto a la vida cuando saben
que no ha de madurar entre sus ramas.
No más parir abeles y caínes.
Ninguna querrá dar pasto sumiso
al odio que supura incoercible
desde los cuatro puntos cardinales.
 

Cuando el amor con su rotundo mando
nos pone actividad en las entrañas
y una secreta pleamar gozosa
nos rompe la esbeltez de la cintura,
sabemos y aceptamos para el hijo
un áspero destino de herramienta,
un péndulo del júbilo a la lágrima.
Que así la vida trenza sus caminos
en plenitud de días y de pasos
hacia la muerte lícita y auténtica,
no al golpe anticipado de la ira.

¿Por qué lograr espigas que maduren
para una siega de ametralladoras?
¿Por qué llenar prisiones y cuarteles?
¿Por qué suministrar carne con nervios
al agrio espino de alambradas,
bocas al hambre, sombras al espanto?
¿Es necesario continuar un mundo
en que la sangre más fragante y pura
no vale lo que un litro de petróleo,
y el oro pesa más que la belleza,
y un corazón, un pájaro, una rosa
no tienen la importancia del uranio?



Angela Figuera (de El grito inútil)

miércoles, mayo 23

Un poema de Pedro Sevilla

Labrando las viñas (Alberite de San Juan, Zaragoza, ca. 1950)


ESCRIBIR ES SEMBRAR

LLEGABA por las tardes, al sol puesto,
y sin decirle nada me sentaba a su lado
porque junto a su pecho se esfumaba mi angustia
y también porque olía su ropa a sol y a lumbre,
a campo y a honradez.

Cuando el sol era ya sólo un recuerdo
volvía del trabajo con su eterno cigarro,
con sus blancas camisas jornaleras,
y mientras preparaba mi madre agua caliente
y él ponía en la radio las noticias,
yo me daba a pensar, a imaginármelo
esparciendo semilla entre los surcos
que luego el sol, el agua y la paciencia
mudarían en verde y en espigas,
en pan para las dulces meriendas de los niños.

Por eso ahora lo imito. Y por eso
ahora que soy mi padre
esparzo estas palabras
en el raro silencio de un cuaderno,
les pongo el corazón y espero que germinen:
que la escritura alcance madurez cereal
y que un día alguien pueda,
como un trozo de pan y de memoria,
hacer de estos poemas su alimento.

lunes, mayo 21

Marie-France Hirigoyen: Una pionera en el análisis de la perversión más cercana

Ya hace veinte años que cayó en mis manos este maravilloso ensayo sobre el acoso moral. Parece mentira, pero ahora recobra su importancia el clarividente análisis que  hace de las relaciones humanas en el ámbito privado. Este es un resumen que quiero compartir. 
Para la psiquiatra y terapeuta francesa Marie-France Hirigoyen, existe la posibilidad de destruir a alguien sólo con palabras, miradas, mentiras, humillaciones o insinuaciones, un proceso de maltrato psicológico en el que un individuo puede conseguir hacer pedazos a otro. Es a lo que denomina violencia perversa o acoso moral.
El acoso moral propiamente dicho se desarrolla en dos fases: la primera es la fase de seducción perversa por parte del agresor, que tiene la finalidad de desestabilizar a la víctima, de conseguir que pierda progresivamente la confianza en sí misma y en los demás; y la otra, es la fase de violencia manifiesta.
El primer acto del depredador siempre consiste en paralizar a su víctima para que no se pueda defender. Pretende mantener al otro en una relación de dependencia o incluso de propiedad para demostrarse a sí mismo su omnipotencia. La víctima, inmensa en la duda y en la culpabilidad, no es capaz de reaccionar.

lunes, abril 16

Abril de 1973

Después de la larga jornada en la oficina, se afanaba en dejar la sala confortable. Pasaba el aspirador, quitaba el polvo de los muebles, si es que era necesario, y colocaba las flores en el jarrón de cristal que tanto le gustaba. La mesita de madera, tallada con primor, quedaba perfecta adornada con anémonas o margaritas. Cuando llegaba la primavera eran las flores que solía comprar. Le gustaba escuchar la radio mientras realizaba esas tareas, aparentemente rutinarias, pero no, para ella todavía no había rutina en una vida que acababa de empezar. Mujer casada, apartamento alquilado, los muebles comprados a plazos,  descubrirse cada mañana sonriendo, a pesar del sueño, desayunar juntos en la mesa de la cocina y salir cogidos de la mano, calle abajo, hasta el metro. No podía existir mayor felicidad. 

Aquella tarde había pasado por la farmacia a recoger la prueba, a confirmar la sospecha que llevaba un poco en secreto.  Abrió el sobre y tuvo que reprimir un ¡ohhhhh!  de sorpresa.  Compró unos patucos de color blanco y un chupete y corrió a casa. Sobre las cinco llegaba él y tenía que preparar el momento de la buena nueva. Le pasaban multitud de imágenes por la cabeza; no sabía si reír o llorar. ¡Santo cielo, seré madre! Era algo demasiado trascendente para una joven de sólo 22 años y eso le hacía estar alterada,  era incapaz de identificar sus sentimientos. Se sentó a esperar en el sillón orejero de la sala, con el corazón palpitante. Enchufó la radio y de pronto, el locutor anuncia una noticia que parece grave. Alguien famoso… Sí, Nino Bravo, un cantante, una vida joven, un talento inmenso, ha sufrido un accidente de automóvil. La muerte la sorprende en esta tarde primaveral, pero el soplo de vida que late en su vientre le devuelve a una hermosa realidad: su hijo llegará al mundo en invierno. Día 16 de abril, hace ya cuarenta y cinco años. Lo mismo que entonces, la radio le trae noticias, pero esta vez es sólo el recuerdo de un tiempo preñado de ilusiones.  



martes, marzo 27

Otro cumpleaños, otra primavera...

Repentinamente, aunque esperada, llegó la primavera. Al menos eso dice el almanaque, porque las previsiones meteorológicas siguen anunciando lluvias, vientos y demás fenómenos que nos van a aguar las fiestas, sobre todo a los que esperan la Semana Santa para disfrutar del espectáculo, a medio camino entre lo profano y lo religioso, que tenemos en Andalucía. 
Y como siempre, un año más a mis espaldas. Mi carnet de identidad dice que los cumplo el día 25, pero mi madre, que es la que lo sabía con certeza, siempre dijo que nací el día 22, mientras mi padre asistía a la procesión de Viernes Santo, que ese año también cayó en marzo. Así que ya son 67… ¡Ostras, qué mayor!