martes, mayo 9

Tiempos líquidos... amores indoloros

Hace ya unos cuantos años el sociólogo Zygmunt Bauman publicó una obra en la que reflexionaba sobre el fin de la llamada Posmodernidad, al tiempo que bautizaba la nueva etapa en la que estamos viviendo las sociedades opulentas como Modernidad Líquida.  Se trata de un concepto que resulta muy útil para explicar y explicarnos tantas cosas; para intentar comprender cómo ha cambiado nuestra sociedad en las últimas décadas. Precisamente hace unos días un grupo de amigos estuvimos comentando uno de los libros de Antonio Muñoz Molina: Todo lo que era sólido y fue inevitable hacer referencia a Bauman y a uno de sus trabajos para mí más sugestivos: El amor líquido.

viernes, mayo 5

Nawal el Saadawi

Nawal el Saadawi, doctora en Medicina, escritora y activista por los derechos de las mujeres. 86 años. Nací en una aldea y vivo en Egipto. He tenido tres maridos, dos hijos y 60 libros traducidos a 40 idiomas. Creo en el buen gobierno que trabaja para el pueblo, pero todos los gobiernos en el mundo trabajan sólo para el 1% más rico. No separo lo espiritual de lo corporal o de lo mental, somos un todo. Nawal es un huracán; vital, inteligente, libre y prolífica, cuenta su vida en La hija de Isis. De niña sufrió la ablación genital, a los diez años intentaron casarla, ejerció la medicina y conoció de primera mano la marginación de la mujer árabe. Fue directora de Salud Pública en Egipto, pero sus ideas la llevarona la cárcel, donde sobre papel de váter escribió Memoria de la cárcel de mujeres. En los años 90los islamistas radicales la amenazaron de muerte y se exilió a EE.UU., donde fue profesora en la Universidad de Washington. Ha impartido una conferencia en el Palau Macaya, Obra Social La Caixa, y se reeditan su libro La cara oculta de Eva: la mujer en los países árabes (Kailas) y su novela Mujer en punto cero.

¿Dios no cabe en un libro?
No, lo aprendí de mi abuela, que, siendo muy valiente, se enfrentó al alcalde del pueblo cuando este, mofándose de ella, le dijo: “Tú nunca conocerás a Dios porque no puedes leer el Corán”.

lunes, abril 17

Nada crece a la luz de la luna

Lo que me llamó la atención cuando oí hablar de él fue el título tan poético y sugerente.  No tenía ni idea de la temática o el estilo, y desconocía totalmente a la autora; pero confié en el criterio literario de quien lo recomendó en un programa de radio. No me equivoqué. Después de unos meses en los que mi única actividad ha sido la escritura, volver a leer ha sido un placer y un descubrimiento.  Y es que los autores nórdicos son poco conocidos para el gran público del que yo misma formo parte.  Soy una lectora media que huye de los best seller; de esa literatura que encontramos en las primeras líneas de los estantes y expositores de las librerías. Las editoriales nos atiborran de títulos y más títulos que no siempre satisfacen las expectativas de quien busca en un libro algo más que un pasatiempo.

Según he leído, Errata Naturae, que es el sello donde este libro está editado, es un proyecto que trata de ofrecer otra cosa. Sus fundadores lo definen de esta manera: “Este nombre lo escogimos porque habla de lo otro, lo diferente, lo pequeño, lo ajeno, lo marginal”. Esto es lo que he encontrado en Nada crece a la luz de la luna. Una historia diferente, contada de una forma diferente y con un lenguaje que, a mí al menos, me pedía momentos en los que tenía que parar, tenía que respirar profundamente y saborear, recrearme en las imágenes poéticas con las que la autora quizás pretendía suavizar la dureza de la narración. Un libro que golpea y no deja indiferente.    
No se trata de una novedad, aunque sí lo es en nuestro entorno. La primera edición lleva la fecha de 1947.  De hecho, la autora noruega, Torborg Nedreaas  falleció en 1987.  Nada crece a la luz de la luna se considera un clásico de la literatura moderna nórdica y esta editorial independiente la recupera para que podamos disfrutar del dramatismo de una vida atormentada y tristísima. Es esa la sensación que me ha quedado tras dar por finalizada su lectura. La novela más triste que jamás haya leído.

viernes, marzo 24

A vueltas con el hiyab y la capacidad de las mujeres que se lo ponen

No salgo de mi asombro. En este mismo diario en el que colaboro aparece la opinión del coordinador local del partido de Albert Ribera sobre las mujeres musulmanas que se cubren la cabeza. Estas son sus palabras: “Que haya mujeres que defiendan al Islam solo significa que están alienadas en grado superlativo”, dice un tal Javier Álvarez.
Desconozco qué tipo de autoridad intelectual y moral adorna a Javier para defender con ese ardor los argumentos que niegan a las mujeres musulmanas la capacidad de pensamiento por el hecho de lucir sobre sus cabezas el hiyab. Claro que cuando sigo el hilo de la noticia, advierto que hay un referente intelectual más reconocido y legitimado que nuestro coordinador del partido Ciudadanos: Pérez Reverte.

viernes, marzo 3



En Aracena, un periodista se interesa por mi libro. Una entrevista en la que me he sentido muy cómoda. Gracias. 

jueves, febrero 16

La vendedora de versos

Deambula como un alma en pena por las solitarias calles de la vieja ciudad. Sus pasos no parecen tener un horizonte preciso; la mirada fija, el cuerpo, ligeramente inclinado hacia adelante, se balancea con indolencia, cansinamente. Es la viva imagen de la soledad. De vez en cuando, sin que haya una razón muy clara, se detiene y llama la atención de algún viandante… hombre, mujer… Da igual. Abre un viejo bolso del que extrae unos papeles, manuscritos de una letra algo arcaica. Soy escritora, dice, sin ningún pudor. Son versos, prosa poética que desparrama esperanzada en sus tristes días de mujer solitaria. Generosamente los ofrece a cambio de la voluntad. Confuso y desconfiado ante tan extraño regalo, un caminante la mira, busca la mejor excusa y apresura el paso, mientras una ráfaga de viento arrastra cuartetos, pareados,  y apasionados sonetos, por las tristes y solitarias calles de la vieja ciudad.