miércoles, septiembre 28

Dos poemas de Pedro Sevilla

Ya que os he hablado de Pedro Sevilla y de su poesía, aquí va una que, precisamente, tiene mucho que ver con el libro que he reseñado. 
AQUÍ MI PADRE

Cómo hubiese querido cederle a usted mi silla
en este cine de verano que hoy ha sido
el solar de un misterio, el espacio de un rito
donde un gitano turbio y orgulloso,
heredero forzoso de dolores antiguos,
ha estado buceando en los pozos del tiempo
para extraer la joya legítima del cante.

Sin duda habría sido usted más digno oyente,
más legitimo,
porque también fue más cumplido en el dolor,
y el dolor ennoblece, y otorga esa elegancia
que a mí ya me asombraba cuando niño:
en el cine del pueblo, otros veranos,
o en las hondas tabernas,
le recuerdo muy serio, ensimismado,
mientras cantaba un hombre
cosas que el vino le llevaba a la memoria.

Lo he entendido, padre, entendí sus silencios,
el brillo de sus ojos que era pasión y vino,
y por eso he fumado despacio, como usted,
y he bebido callado, misterioso, para parecerme más a su retrato.

Esta noche, en la voz del gitano orgulloso,
he sabido el secreto que nos une:
un dolor transmitido,
una historia que viene de muy lejos,
una pasión que va más allá de la muerte.

                                                                                             Pedro Sevilla

Éramos violentos

Éramos violentos y algo tristes.                    
El paraiso entonces
era besar tus labios,
ir contigo a los muros donde en tiempos de paz
se abrazan las parejas
como si cachearan al amor.

Era el setenta y siete.
Tenías veinte años y un temblor en el pecho
de palomas miedosas que acostumbrron pronto          
a probar la ternura de mis manos.

Éramos violentos: agentes de uniforme
saqueaban las aulas en busca de octavillas,
de libros prohibidos;
no comprendieron nunca que en los parques de octubre,
besándonos los labios,
fuimos más inquietantes, mucho más peligrosos
que gritando en las calles mientras no perseguían.

Tenías veinte años:
Recuerdo que en un muro,
bajo la sangre quieta de unas siglas,
hicimos el amor en pie de guerra.

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