miércoles, noviembre 21

La Enciclopedia de Álvarez


Ni  libro de mates, ni de sociales… ni de conocimiento del medio… nada de eso. Uno sólo, la Enciclopedia de Álvarez, que cada año iba añadiendo información y complejidad, hasta completar el tercer grado. Entonces, las niñas y niños que no íbamos a seguir estudiando bachiller se suponía que contábamos con una culturilla.
Aula de la época
 Sólo hay que echar un vistazo al Parvulito para darse cuenta de que mi generación aprendió pronto algunas cosas que muchos niños de ahora, a esa edad, ni las huelen: que si los hombres primitivos, que si nuestros primeros padres, que si las cifras, las decenas,  las sílabas, Viriato y sus hazañas, el cuerpo humano, los puntos cardinales y los movimientos de rotación y de traslación, los Reyes Católicos y los judíos, Carlos I de España y V de Alemania, los animales Vertebrados e Invertebrados, el rio Miño nace en Fuente Miña… Los metros que mide el Pico de Mulhacén,  El Siglo de Oro y Santa Teresa, la Guerra de la Independencia… Ramón y Cajal…  y ¡cómo no! Francisco Franco y José A. Primo de Rivera, que además los teníamos en un cuadro bien visible dentro del aula. 
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 Hoy he sonreído con nostalgia, viendo los contenidos y los dibujos con los que ilustraban los libros. Y he pensado en mis maestras, en el gratísimo recuerdo que guardo de ellas y de sus enseñanzas. Gracias al interés que pusieron en mi aprendizaje, y ayudada por las enciclopedias de Álvarez, sin pasar por el Bachillerato, cuando tenía veintiocho  años, aprobé el examen de ingreso en la Universidad. Y os aseguro que de niña,  en mi cartera,  sólo llevaba un libro, una libreta con las tablas de multiplicar en la contraportada, y un plumier de madera, con un lápiz,  algunos lapiceros de colores de Alpino y la goma Milán, con aquel olor tan característico que tanto me gustaba. Tiempos de austeridad, tiempos de aprender a base de repetir cantando las tablas y los ríos de España… de mucha caligrafía, dictados y obediencia, mucha obediencia. 


2 comentarios:

  1. Bonito, tierno y entrañable homenaje a ese gran libro de texto.

    Cierto todo lo que cuentas. Gran libro. Y no es de extrañar que así sea, ese libro fue redactado por UN MAESTRO ESCUELA, de los de verdad. (Que no de los de antes que también había cada uno/a).

    Yo, que soy victima de la 1ª reforma educativa progre, la de Vilar Palasi de 1970 (1er gran roto a la educación, pero nada comparable a lo que vino después), no llegué a tener como libro de texto la enciclopedia Álvarez (Yo ya estrene las “fichas” y la “nueva” matemática, que de nueva sólo tenía los redondeles, llamados “conjuntos”), pero la conozco bien, y recuerdo vivo tengo de ella, porque me la leí de cabo a rabo y varias veces, ya que mi hermana mayor si la tuvo y por casa andaba.

    Gran compendio del saber y de la cultura, la recuerdo como si me la acabara de leer. Y positivo recuerdo y no solo por lo que cuentas, sino por la cantidad y calidad de los contenidos. (Y aunque sorprenda escasa ideologización, solo al final y de manera separada e incluso burda para lo que se estila hoy en día).

    Siempre he pensado (bueno, siempre no, desde que tengo hijos en edad escolar) que los libros de texto para primaria y en según que asignaturas ESO también, tendrían que ser redactados y editados por los propios profesores (en grupo preferiblemente) en cada centro, personalizados, atendiendo a cada situación, entorno, nivel de los alumnos etc. (respetando unos mínimos marcados por la Consejería educativa de turno, claro esta).

    Conseguiríamos, entre otras cosas:
    - abaratar el precio
    - mejorar los contenidos y
    - evitar lesiones de espalda en los educandos.

    Pero claro, tropezaríamos con enormes intereses, jugosos negocios para los pocos conectados con el poder (todos conocemos el origen de la fortuna de Polanco), elevado margen unitario de los actuales libracos (tienen un ridículo coste de producción con un precio final que a según que economía pica). Por no hablar de los becarios/redactores que no dudan en poner engaños y falsedades (libros en los que el Ebro nace en tierra “extraña”, literal) al dictado de auténticos corruptores morales. Y ni te cuento en el caso de asignaturas blandas e ideologizadas.

    Esperemos que con el auge de las nuevas tecnologías los libros de texto no acaben siendo manuales de autoayuda con multitud de recetas para el triunfo económico y poco más. La decreciente calidad de los contenidos, cada vez más ligeros y manipulados (que no de la presentación y formato) así me lo hace sospechar, por no hablar de la degradación y manipulación rampante que destilan. Pero bueno igual de lo que se trata es de alargar la etapa de nene entretenido hasta bien entrado en la treintena, que todo puede ser. (ejemplos no faltan)

    Total estoy casi seguro que más del 95% de la población adulta y YA escolarizada (que el invento se generalizo a finales de los 60) o sea la mayoría (pero más patente y visible en las victimas de la LOGSE) no ha leído más de 1.000 Pág. de texto a lo largo de su existencia. (Y con mucha probabilidad el 4% restante justo alcanzan a leer el suplemento Babelia, de lo cual, eso sí, fardan mucho).

    SOY YO

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    1. Nada que añadir. Gracias por ampliar la cosa.

      Un abrazo

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