lunes, marzo 26

Más sobre la adopción.


Hace unos días llegó este escrito a mi correo. Es de una mujer que tuvo noticias de la situación que está viviendo la madre adoptiva que hizo varios comentarios en el relato sobre la devolución de niños adoptados. Me pide que se lo envie, pero, por desgracia, nuestra anónima amiga no dejó rastro sobre su persona, así que espero que vuelva a visitarme. 
Si fuera así, por favor, que me envie su correo a mi dirección, que tengo otra carta para ella. Es importante encontrar redes de apoyo para todo, y también para estas cuestiones.  Naturalmente los datos reales van a quedar en el anonimato, así que a nuestra amiga le vamos a llamar Maribel.Y esta es la historia que quiere compartir, por si con ella ayuda a alguien.

"Hace casi 30 años adopté a un niño y una niña, hermanos: mi hijo y mi hija, ahora ya mayores.
Como casi todas las mujeres yo “tenía que ser madre” de un modo u de otro, es un mandato “social” que nada tiene que ver con lo natural ni con la naturaleza, pero... somos hijas de una cultura patriarcal en la que no hay lugar para nosotras si no es desde la maternidad o el matrimonio…
Pero lo que me ocurrió fue que al acercarme a su vulnerabilidad, me sentí cómplice. Mi pareja de la que me divorcié quiso devolverlos al mes, cuando aún estábamos en periodo de pre-adopción.
Mi reflexión fue entonces “he optado por un modelo de familia con hijos” y me necesitan, pues tendrán madre.

No triunfaron nunca para nadie, no fueron exitosos en casi nada, la escuela fue una tortura para los tres, en mi familia fueron aceptados y acogidos pero con dificultad queridos. Su rechazo social (de amistades, familia, entorno) lo hice también mío, su falta de acogida era mi mayor dolor, sus fracasos eran desalientos e impotencia en nuestras vidas.
Eran tan nobles, tenían tanta generosidad..., pero lo que sobresalía para el mundo es que eran torpes, de lentitud en el aprendizaje, o demasiado inquietos, disléxicos, etc. Nacieron con poco peso, de una madre con problemas de alcoholismo y otras sustancias, sufrieron en el parto, y a saber si también en el embarazo... Fueron depositados en un centro cuando tenían poco más de un año cada uno. La niña con tratamiento de epilepsia, el niño casi temblaba constantemente  ¿cómo iban a competir? Fue entonces cuando comprendí lo equivocada que estaba ¿A qué hijo o hija creía yo que tendría que amar? escuché dentro de mí y encontré las verdades y las mentiras propias y ajenas y decidí.
Aunque me ocuparon todo el tiempo, no hice de ellos el centro de mi vida, continué luchando contra las adversidades, las precariedades y el rechazo social; además de la lucha franquista, y de clase obrera; me volví a casar y logré además del amor de pareja encontrar el apoyo que necesitaba.
Hoy ambos son profesionales mileuristas, son imperfectamente felices pero han conocido el amor de una madre y un padre, la generosidad y la entrega, tienen referentes de valores, de dignidad y de fraternidad.
Somos los 4 imperfectamente felices, y mi marido y yo seguimos a demanda pendientes, a veces más de cerca, a veces a distancia, pero como toda madre o todo padre hasta el final de su vida.
 Algo de suerte habrá habido, pero mucho trabajo y decisión también. Vencer el fantasma del alcohol y la amenaza de las drogas ha sido todo un triunfo, pero sobre todo, me puede el mirar hacia atrás y ver que lo andado lo hice con la alegría y la certeza de estar haciéndolo lo mejor que podía. Decididamente le di sentido a mi vida con mis hij@s, pero no dudo en absoluto de que también se lo hubiera dado sin haber sido madre. Hice lo que pude y fui capaz de hacer. Hace muchos años que recuperé mi tiempo y soy imperfectamente feliz.
Hoy sigo luchando por la causa de las mujeres. Lucho por la igualdad, por arrancar de la invisibilidad histórica a todas las mujeres posibles y a favorecer que como declararon Elizabeth y Lucrecia en su Manifiesto de 1848 (en Seneca Falls) “Que nada impida que la mujer ocupe en la sociedad la posición que su conciencia le dicte, o que la sitúe en una posición inferior a la del hombre”.
Tengo muchas amigas y amigos que adoptaron hijos, y en la muerte de una de ellas tuvo mucho que ver “el sobre esfuerzo” ante tanta adversidad. Otras siguen sufriendo la dureza de querer construir una familia adoptante a pesar de que en ello les puede ir la vida. Pero no tengo menos amigas que habiéndolos parido les salieron menos virtuosos.

No amigas, no hay recetas ni ayuda social, ni desde la administración (vertebradas) ni complicidades en la familia (salvo excepciones) ni en la sociedad. Lo que no quiere decir que no encontremos personas y grupos (a veces hay que iniciarlos y/o buscarlos. Son muy necesarios los profesionales educativos de la orientación.
Pero mi pregunta es:  ¿En qué sociedad creo que vivo? Y me respondo, la de gente imperfecta, limitada, con procesos desconocidos, y de las que podemos decir “que el hábito no hace al monje”.
Es decir, ¿son los profesionales de la educación lo que esperamos y soñamos?, es mi familia, padre, madre, hermana..., ¿la ideal?, nos acoge un sistema de salud de personas maduras por mucha bata blanca que lleven. ¿Son mis amistades la garantía de la acogida, del cariño y de la generosidad? ¿Y yo, soy la que quiero ser, o lo que los demás quieren que sea?
El problema no es que una personita que ha sido abandonada (y a saber lo sufrido), esté enfadada ¡¡ y le sobran razones ¡!, el problema es si pueden encontrar quienes les ayuden a superar. Normalmente no hay mucha preparación para esto, a veces no se puede porque hay daños irreversibles, los recursos naturales nos pueden fallar y esto sólo se puede intentar resolver o hacerse cargo con voluntad y con cariño, pero a sabiendas de que sin garantía de éxito.
Pero esto, normalmente no está en nuestra reflexión cuando nos planteamos la adopción y por otra parte ¿qué tiene que ver esto con la maternidad? Pues con la idílica imagen para la que fuimos socializadas nada, aunque de la belleza como del amor podemos decir que “lo esencial es invisible a los ojos”.
Intento decir que hay un problema inicial que no corresponde a los adoptados sino a las expectativas, madurez, y capacidad de las y los adoptantes, que no son diferentes de quienes engendran y paren. A todo ello hay que sumarle lo que añaden las personitas que acogemos en nuestra vida.
De todo corazón intento aportar desde mi experiencia y reflexión, por si sirviera de algo, junto a ello un abrazo amoroso deseándoos suerte, fortaleza y claridad en las decisiones a tomar porque sin duda marcan nuestras vidas".

2 comentarios:

  1. ¡Hola, Maribel!
    Acabo de leer tu carta, me siento muy identificada en los sentimientos.Es tanta la lucha, que muchas veces te desmorronas.Lo de imperfectamente feliz, es bien cierto.Duele mucho ver como nadie (ni la familia) te dice si quieres me lo quedo un día voluntariamente,porque les apetezca,por ejemplo.Muchas gracias por tu testimonio.Lo recordaré y releeré cuando vea que no podemos más (aunque siempre acabamos hacia adelante).Siempre pienso, él no pidió venir con nosotros, lo buscamos, pero es muy dificil.Un saludo.Cristina

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  2. Cristina. Gracias por responder. Mi amiga ha sido muy generosa escribiendo esta experiencia tan tremenda, así que se merece una respuesta.
    Si quieres, puedes enviarme tu e-amil y te envio una cosa muy interesante que me ha llegado de una amiga de Maribel que se dedica a temas de adopción. Como quieras. Ya sabes que mi e.mail es: teresa@alandalus.com.es
    Un abrazo

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