sábado, agosto 20

Nacidos en 1951: crónica de un encuentro después de muchos años.



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El día se acercaba: 14 de agosto de 2011. Hacía meses que veníamos preparando el evento. Una cincuentena de hombres y mujeres, nacidos en 1951 íbamos a encontrarnos en el paisaje que nos vio nacer y crecer. Algunos habían permanecido en el pueblo, no habían roto los lazos con sus amigos, y sus recuerdos permanecían más nítidos. Es lo bueno que tiene lo cotidiano, esa vida monótona, circular, siempre en las mismas calles, cruzándose con las mismas caras, volviendo a ver casi todos los veranos a muchos de los que se fueron un día. 
Con 14 años, paseando y con un metro de distancia entre chicas y chicos
Otros, como yo, apenas recordábamos a los que fueron compañeros de juegos, travesuras y escuela. Demasiados años; demasiado tiempo alejados de Mágina y de sus gentes. Por eso, esas mariposas en el estómago. De ahí el insomnio del día anterior… ¿Cómo iba a resultar la experiencia? ¿Con qué caras iba a encontrarme? ¿Cómo sería el encuentro de las amigas de la infancia…? 
Distintas imágenes (entre 12 y 14 años) 
Encarna, Teresa y Maria José en la actualidad
Me vestí sencillamente. Siempre me pasa lo mismo: prefiero quedarme corta, que resultar recargada o fuera de lugar. Además, quería causar buena impresión entre los que apenas me conocen. Mis pantalones blancos de algodón y una blusa muy sencilla de color azulón, me pareció lo más apropiado. Además los azules hacen juego con el color de mis ojos. ¿Por qué no aprovecharlo?
No eran las dos todavía, pero en la puerta del restaurante ya se apreciaba un pequeño barullo. El corazón saltaba dentro de mi pecho, pero estaba deseando abrazar a mis amigas y volver a encontrarme con tanta gente de la guardaba recuerdos más que borrosos. También era consciente de que para muchos yo sería una completa desconocida. Pero ahí estaba el aliciente: iba a ser un día de reencuentros y de descubrimientos.
Andrea y Sebastiana se encuentran
Veo bajar del coche a Andrea Rodriguez. La verdad es que, como a todos, se le conoce por el apodo: Andrea la de Tobalón y así nos entendemos mejor. Vestida para una ocasión festiva y, por qué no decirlo, todavía atractiva. Una mujer interesante y de carácter, como la recordaba. Fue de las primeras que se acercó a mí.
- Me han hablado mucho de ti, me dijo.
Curioso, pero no me conocía. Bromeé con la situación. Quise quitarle importancia, pero la verdad es que no lo puedo entender, porque yo sé perfectamente quien es ella. Lo dicho: una completa desconocida, o lo que suelo decir muchas veces: la gente es invisible para según quién. Lo he comprobado muchas veces en mi pueblo. Una cuestión de clase. Porque vivir en un barrio determinado, te marcaba y te separaba de “los otros”. Además, es cierto que me marché a Barcelona con quince años recién cumplidos, y cuando he vuelto no he coincidido con muchos de mis contemporáneos. Mi memoria guarda los rostros de muchos de ellos, pero no puedo esperar lo mismo de los demás. Sólo ahora soy consciente de esa realidad.
Roge, su marido, Luis y Encarna
Allí estaba Roge, con su simpática sonrisa, jaleando mi dedicación al evento; Mari me pregunta si he ido a la peluquería, porque me encuentra especialmente guapa con el pelo que me ha quedado después de la ducha del día. Pura casualidad, le digo, agradecida por el piropo. Para colmo, Cristóbal, que, a pesar de los correos,  con los que habíamos intercambiado anécdotas y recuerdos, no me conocía, se sorprende al verme, y de un modo sencillo y directo exclama: ¡Mucho mejor en directo, mucho mejor…! Caramba, debo de tener el día, pienso.  
CristóbaL, Paco y Asunción
Luis Quesada acaba de llegar de Barcelona y vuelve esta misma noche. Todo un detalle. No hay duda de que hay mucha ilusión puesta en este día de encuentros. Angelita, elegante como siempre, ha llegado con su prima Seba. Hace años que no la veía y sigue siendo una mujer con mucho estilo. Más que guapa, tiene atractivo.
El barullo del encuentro

Hay mucho barullo en el grupo y no todos recordamos a todos. Hay que dar explicaciones hasta situar el lugar de dónde venimos, la calle en la que nacimos, o el mote con el que se nos conoce en el pueblo. Han pasado muchos años. Por fin llega Mari, la organizadora, acompañada de Antonio Suárez, al que conozco por las fotos de Facebook. Son más de las dos de la tarde y hay que ir colocándose en las mesas. Dentro, otros grupos afines están saludándose y encuentro a algunas de mis compañeras de colegio: Ani, la de la luz, a la que abrazo con verdadero cariño, porque recuerdo muchos instantes compartidos. Ahora me arrepiento de no haberle preguntado si también ella guarda esos momentos en su memoria.
La animación de las mesas
                                             
Las dos amigas de siempre
 Manolo Rivas, gordito como siempre, me saluda cariñoso con un ¡hola guapísima!, aunque ahora me doy cuenta de que probablemente no me situaba. Yo, sin embargo, a pesar de que hace más de treinta años que no lo veía, lo recuerdo perfectamente. Lali está sentada junto a su marido, como si no formara parte de la pandilla, algo distante, pero alegre y cariñosa con todas nosotras. Y Asunción, sentada junto a Encarna, con la que charla animadamente, pone cara de asombro, como no creyéndose lo que allí estaba a punto de ocurrir. 
Mari, Tere, Encarna y M. José, la organizadora
Me resisto a sentarme, porque me apetece acercarme a mucha gente a la que hace tiempo no veía y sin reparos voy preguntando, presentándome, con la alegría de quien vuelve a recobrar algo muy querido. No consigo recordar quién es Lauren, pero ¡oh sorpresa!, su bonita sonrisa es la que me devuelve a aquel muchacho joven con quien no tuve apenas relación, a pesar de ser de la misma edad.
La sonrisa de Lauren
Manolo Rivas y Antonio Suárez
Eulogio, ¡ah, Eulogio! Mis amigas me hablan de que era el guapo; más de una estaba enamorada de aquel muchachito rubio, y bastante travieso. Ni siquiera recordaba ese detalle, aunque sí la casa donde vivía, y que una vez participó en un concurso de TV: “Cesta y puntos”. Desde luego él no sabe quién soy y no me sorprende.
Aquí estoy con Mari y con Eulogio
Paco, el muchachito que jugaba con las niñas en la Carrera alta, apenas me recuerda, pero consigo devolver a su memoria esas tardes de verano, jugando al mocho y al escondite.
Paco, con camisa a cuadros
Muchas caras que no consigo situar en ningún lugar preciso. Y sorpresas, como la de una mujer que me habla de algo muy bonito: nuestra afición a la lectura de cuentos de hadas y los ratos que dedicábamos a intercambiar títulos. Me confiesa que sigue siendo una gran lectora, y me alegro... Y yo, con esa nube que me impide recordar con nitidez algunas de mis vivencias, hace ya casi cincuenta años...
Pepa, al lado su cuñada y en el centro María, su nieta 
Pepa está ocupada con María, una niña preciosa, su nieta. También Pepe hace de abuelo amoroso, durmiéndola en sus brazos, porque el barullo la ha dejado rendida. Cada cual ha encontrado al compañero, o compañeros con quien compartir recuerdos y realidades más cercanas: hay que ponerse al día. Pero claro, sin olvidar que la mesa está repleta de todo tipo de viandas. ¡Santo cielo, no puedo con todo! Y por eso no hago más que hablar con unos y con otros.
Roge y Sebastiana
Angelita está radiante, porque es su cumpleaños y la sala entera le ha regalado la canción de esas ocasiones. Ella se levanta sonriente y yo, un poco nostálgica, miro a Manolo. No sé qué pensará o sentirá en ese momento. Soy una sentimental y aún recuerdo ese amor inocente de adolescencia, que quedó en nada. Ahora me doy cuenta de que no tengo ninguna foto para ilustrar ese momento en el que ella se levanta para dar las gracias a la sala. ¡Lástima!
Pepa en animada conversación con Mari y Ángel
Después vendrían las sorpresas: Dos poetas aficionados: Juan José y Cati, que han dejado por escrito sus emociones sobre el evento.
Después... las rifas: una foto de Bedmar que ha hecho Juan José Pozo y que le toca a Asunción. Y un precioso grabado de Antonio Suárez, el de la plaza de arriba, como todo el mundo lo conoce. Sin pretenderlo, me convierto en presentadora y trato de divertirme con el papel: Teresa, el escenario es lo tuyo, pienso para mí, mientras algunos me auguraban un futuro prometedor en la tele.  Y hasta el camarero pretende que me convierta en la portavoz de la cocina, invitando a los asistentes al acto a dejar los pasillos libres. Me lo tomo a broma y todo sigue su curso.
Lali, Tere y Asunción
Parejas y amig@s
El broche final lo pone la proyección del audiovisual. Lástima que no hubiese mejor sonido, porque todos estaban encantados. Ha quedado muy bonito y disfrutamos recuperando nuestra imagen de niños buenos y asustados, con el mapa detrás y el libro en la mano. 
Algunos, el día de la comunión; las niñas de princesas, con corona incluida, los niños, de general, por lo menos. ¡Cómo hemos cambiado! Pero, afortunadamente, aquí estamos para disfrutar y contar esas historias ya casi olvidadas, de niños de pueblo.
Ambiente de baile femenino


El grupo de amigas

Pero aún quedaba el baile, al que se apuntaron todas las mujeres, que como adolescentes, acompañamos la música con nuestras voces y nuestro cuerpo, todavía capaz de disfrutar con el Dúo Dinámico, los Bravos, y hasta con una sevillana, a la que nos apuntamos algunas. Mientras, casi todos “ellos” se lanzaban a la barra, a disfrutar de la conversación, con una copa en la mano.
Bailando sevillanas
Y llegan las fotos finales de grupo y el intercambio de direcciones, teléfonos, y el adiós, con deseo de volver a reunirnos, quizás a los 65, decían algunos. Eran ya casi las 9 y el local iba quedando vacio.
El grupo casi al completo
La noche se presentaba calurosa; el bochorno era insoportable, incluso en el parque de La Pililla, lugar fresco por excelencia. Y allí, junto al quiosco, tantas veces recordado, apuramos la última copa, aunque incapaces de probar la tapa, dejamos los platos abandonados en la mesa. Una pena, pero el día ya no daba para más.

Bedmar, 14 de agosto de 2011

7 comentarios:

  1. Teresa: No se si ha salido mi anterior comentario.Creo que no porque le he dado al "botoncito" que no era.Bueno pues te daba las gracias por tu labor de documentación y felicitaba y me incluía en ello, a todos los de mi generación; creo que fuimos una buena hornada.Todas las caras son conocidas para mi y me atrapan en mis raíces, que no olvido nunca.Han evocado en mi recuerdos y espacios de mi niñez y adolescencia , muy agradables, que hacen que me reconozca como una bedmareña toda mi vida.Juanita.

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  2. Juanita: Al final no pude enviarte el DVD con tu cuñado. No no vi marcharse de la fiesta. Te hubiese gustado mucho la música que le puse a cada etapa en el video, muy simpática.
    Un dia de estos hablamos via e-mail.
    Un beso

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  3. Hola Tere! Felicidades por tu crónica! Me ha encantado, tanto los comentarios, como las fotos.
    Tendremos un buen recuerdo de ese día tan inolvidable que pasamos todos juntos.
    Besos,
    Mari

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  4. Muy bonito, bueno y veo que tu estabas alli , hablas en primera persona. La vida sigue e insisto que se necesita de esto para dar explicación a otras cosas y es bonito recordar....
    Disfruta con esto que te seguiremos para disfrutarlas contigo.
    Ah¡ es pa rimera vez que entro en un blog ( se escribe asi )

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  5. Gracias amigos (Maria José y Manolo) por vuestra visita a mi blog.
    Os quiero.

    Espero que de vez en cuando os asoméis a mi ventana.

    Besos

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  6. Hasta ahora no habia leido tu blog, tienes madera de escritora, la verdad es que Mari y tu os currasteis el evento, mi mas enhorabuena, fue un dia de recuerdos muy bonito. Gracias y un beso muy fuerte .

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  7. Gracias Roge. Asómate de vez en cuando a esta ventana. Hay muchas cosas relacionadas con la infancia que te van a gustar.
    Un beso

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