viernes, febrero 19

Carta a mi madre

Querida madre: Hoy es diecinueve de enero, tu cumpleaños. Curiosamente esa es una fecha que no solías celebrar mientras fuimos niños; tampoco en épocas  posteriores, siendo nosotros jóvenes. Y es que la tradición era celebrar el santo. Luego, al hacerte vieja, coincidiendo con los meses de invierno en que pasabas un tiempo con nosotros, tus hijos, cambiamos la costumbre y empezamos a festejar ese día, incluso comprábamos un pastel y tú, como una niña, soplabas las velas. 
La verdad es que no sé por qué me he acordado de esta fecha. Siento que, a medida que cumplo años, estás más presente en mi vida, aunque sólo sea para recordar las sentencias,  los dichos y refranes con los que tantas veces cerrabas las conversaciones. De vez en cuando me sorprendo a mí misma diciendo:
-           
                             Como decía mi madre…
  
Ya ves…, más o menos como tú hacías, refiriéndote a tu padre, tus tíos,  o tu abuelo. Yo no comprendía mucho cómo después de tantos años siguieras tan vinculada a los tuyos; pensaba que cuando uno se hace adulto el vínculo primario de la familia de origen, pasa a segundo lugar, para dar paso a los afectos y los apegos más cercanos: los hijos, el marido…, los nietos… Si me oyeras, seguro que te sonreirías, con ese gesto tan tuyo, entre irónico y malintencionado, que expresaba algo así como:
-          Ya te lo decía yo… ¡qué sabréis vosotros! 
Esa actitud, como ya debes saber, me ponía nerviosa; no soportaba tu necesidad de quedar siempre como la más lista; esa pretensión de conocer las triquiñuelas y las intenciones (sobre todo las malas) de la gente que nos rodeaba. Ahora, incluso mi hermana acepta que quizás tenías razón en muchas cosas, claro que, como todo hijo de vecino,  nos estamos haciendo mayores  y quizás menos confiadas y transparentes. 
También los años nos están enfrentando a experiencias que tú habías pasado: los hijos crecen y pasan por etapas difíciles de sobrellevar. Los padres nunca estamos en el mismo universo de valores que ellos; incluso a los más abiertos nos cuesta estar de acuerdo con la imagen física de los jóvenes; el tipo de diversiones, la forma cómo se relacionan con sus amigos… En eso tengo que admitir que tú lo pasaste francamente mal. Para una mujer nacida y educada en la estrechez moral del mundo rural y católico, no fue fácil tener que cambiar de vida y trasladarte a la gran urbe. Los años sesenta y setenta en Barcelona… Para nosotros, los jóvenes que llegábamos del campo todo era un acontecimiento y éramos capaces de absorberlo todo con más o menos esfuerzo. Sin embargo, para vosotros, pasar a ser personas anónimas, no conocer al vecino, o no poder controlar con quien estaban vuestros hijos…
 Porque la ciudad tenía esa imagen de lugar peligroso en la que te podían robar, como mínimo; pero te podían pasar otras muchas cosas, que no se nombraban, que ni siquiera se sabía muy bien qué podían ser, pero ahí estaba el peligro; ese era el gran miedo y como consecuencia, la necesidad de control. Querida madre, tú no tienes ni idea de lo que tienen que admitir los padres de ahora. Los cambios en las costumbres ahora son vertiginosos y algunos tienen que ir a la misma velocidad de los chicos, si no quieren perderlos para siempre. Además, la autoridad está totalmente en crisis y ya no sirve eso de: ¡a las 10 en casa! ¡Qué va…! Ahora las niñas de 16 años salen a divertirse a las 12 de la noche, así que imagina a qué hora vuelven… En fin, que no voy a darte la lata con estas cuestiones, que, por otra parte, ya te dio tiempo a comprobar por ti misma, aunque con tus nietos, y algo más mayores.
Nosotros, en esa época, me refiero, en la adolescencia y primera juventud,  éramos verdaderos ángeles. Yo desde luego lo era y no creo que se pueda valorar como una virtud; era miedo, madre, el mismo miedo que tú me transmitías; la necesidad de estar a la altura, de responder a lo que me pedías. 
Recién llegada a Barcelona 1966. Estrenando los primeros tacones con 16 años
Pero me parece que me estoy apartando del tema. Lo que te quería explicar es que ahora, como padres, experimentamos eso que tú pasaste: dejar de ser el centro en la vida de tus hijos; darte cuenta de que tus valores no cuentan para ellos, o cuentan muy poco;  verlos alejarse y establecer otros vínculos  y crear su propio espacio vital. 
Cada uno en su época tiene que pasar por esa pérdida y yo soy muy consciente de que para ti seguramente fue mucho peor que para mí. Sí, porque tú sólo tenías  esa labor: la de alimentarnos, cuidar de la casa y hacer de nosotros personas “Como Dios manda”. Por eso fue tan difícil para ti renunciar a tenernos cerca y dirigir nuestra vida. Yo, sin embargo, me he ido creando mi propio espacio profesional e íntimo, paralelo a esa educación, de la que también me he ocupado. Sin embargo, mi vida tiene sentido, a pesar de que ya he dejado atrás ese rol. 
Y mira mamá, lo que sí he decidido firmemente, después de la experiencia como hija de madre muy apegada y demasiado dependiente, es dar libertad a mis hijos. En eso ha sido providencial marcharme de la ciudad donde ellos viven. Les he dejado el campo libre. Ellos organizan sus vidas como mejor les parece y yo los sigo muy de lejos. Saben que estoy aquí, disponible para cuando me necesiten, pero no se ven obligados a estar dando respuesta a mi necesidad de verlos, o de ejercer de madre de arroz de domingo.  Y estoy contenta mamá, porque ya he tenido bastante con esa sensación tan desagradable que siempre he tenido respecto a ti, de no poder tenerte contenta con nada; de no poder responderte en la medida que tú necesitabas, porque nosotros éramos tu vida, esa es la verdad, y es comprensible.  En fin, querida madre, que de algo tiene que servir la experiencia.  Tú no querías para nosotros lo que habías vivido como negativo en tu vida de niña y jovencita. Yo tampoco quiero para mis hijos el peso de una obligación respecto a mí. Quiero que me quieran, me respeten y deseen verme, aunque sólo sea en Navidad, que siempre queda bien y se llevan algún regalito.
Querida madre. Te recuerdo diariamente y ojalá estuvieras aquí para poder comprarte esa  tarta tan dulce con sus 91 velas.

Tu hija,   Mª Teresa

9 comentarios:

  1. ¿Recordar a los seres queridos que se fueron para no volver?.
    Yo tambien te recuerdo cada día. Tambien amaba la vida, más la de los demas, la de sus seres queridos. No tenía apego material.
    Y recuerdo tanto.
    Frases, hechos, gestos.... que no se olvidan.
    Pero....

    http://www.youtube.com/watch?v=5BIakRTq25E

    "Todos esos momentos se perderan en el tiempo como lagrimas en la lluvia"

    Es decir: "TO-PA-NA"

    ¿Cuanto tiempo me queda?

    In memorian
    SOY YO

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  2. Hola Teresa! me alegra poder seguirte a través de tu blog! tus escritos me llenan de paz...es muy sabio hacer que la vida siga teniendo sentido siempre y siga motivando más allá del cuidado de los demás. Un besazo, Yolanda

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  3. Gracias preciosa. Espero que "tus bolsillos" y tu vida en general te sigan dando alegrías.

    Besos

    TERESA

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  4. Querida Teresa creo que has reflejado perfectamente la lucha generacional entre nuestros padres y nuestros hijos y por ello te felicito de todo corazón. Al mismo tiempo te pido permiso para usar dicha Carta en la Revista "Torreón de Cuadros", con el fin de que tenga una difusión mayor y pueda servir para ayudar a muchos padres que aún no comprenden esa situación.
    Enhorabuena por tu Blog.
    El Cronista de Bedmar. Un saludo para tu marido.
    ¡Ah se me olvidaba! Me gustaría que escribieras tu experiencia sobre el primer viaje, que en compañía de tu padre, realizaste a Barcelona. Es necesario que no se pierdan esos testimonios, sobre todo en nuestro querido pueblo.
    Granada, 3/III/2010.

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  5. ¿lucha generacional?
    Lo que hay es un SAQUEO GENERACIONAL.
    ¿Soy el unico que lo ve?
    Herodismo puro y duro.

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  6. Bueno, bueno... tú, como siempre, radical en tus apreciaciones. Lo vemos todos, lo vemos todos, pero también te digo que cada cual tiene una parte de responsabilidad en esta situación.Los padres actuales creo que están siendo demasiado blandos y tienen mucho miedo.

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  7. http://www.youtube.com/watch?v=WXh1tW16V-8&feature=related

    Hala nenes a remar que papi y mami tenemos miedo y queremos "diluir" responsabilidades, eso si despues de haber perpetrado "el saqueo". Y Hablo en primera persona que tambien soy papi/mami

    "El radical"

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  8. Hola Tere:¿Te suena lejano el nombre? ¿No te retrotrae a una pretérita etapa infantil?
    Debido a un cúmulo de circunstancias :el azar, mi espíritu curioso y un rastreo incansable por webs y blogs linguísticos ¡te encontré¡
    Me ha encantado tu "Carta a mi madre".¡La buena de Rosario¡Era una mujer fuerte, luchadora y su inteligencia destacaba para la época de la que hablamos.Creo recordar que leía bastante,algo anómalo en una época donde la mayor virtud de "una mujer de su casa" no era precisamente la lectura.Mi madre, su vecina Mª Antonia, cuando pasaba por tu puerta de la calle LLana ,siempre que volvía por el pueblo en vacaciones,la visitaba¡Cómo se abrazaban¡ Se entendían con la mirada un poco húmeda.Ya el Alzhaimer sumió a mi madre en un mundo de silencio.Pero aún así, se le iluminaban los ojos al verla en su puerta;el mundo de las emociones es lo último que se apagó,ella que era de un natural vitalista y expresiva.Tu madre era la Serenidad para la mía.Gracias por hacerme viajar en el tiempo.Te recuerdo hecha "un bicho";alegre,vitalista,inquieta,emprendedora,simpática.
    Ha sido una agradable casualidad el encontrarte en tu blog.Comparto contigo el amor a la Lengua( y también los 59 años).También escribo, pero... en mi intimidad.Solo el recuerdo de tu madre me ha hecho salir de la clandestinidad.
    Besos.Juanita

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  9. ¡JUANITAAAAA! No puedes imaginar lo que me ha impactado encontrarme contigo en mi blog. Supongo que porque no me lo esperaba... He empezado a leer y de pronto las lágrimas me han sorprendido, así que he tenido que parar hasta repornerme. Ha sido muy emocionante, de verdad y seguramente podríamos comentar el porqué de esas lágrimas.
    y luego dicen que eso de internet no se sabe qué te puedes encontrar. Pues mira, te puedes encontrar, como en este caso a alguien querido, con quien has compartido dias felices de la infancia y de la adolescencia.
    Como este no es el lugar, sólo me gustaría que me mandaras
    tu dirección porque me encantaría escribirte. La mía es ésta: teresa@alandalus.com.es

    Muchísimas gracias por esta vuelta a otro tiempo, por tus palabras cariñosas hacia mi madre y también hacia mí, y por la gran alegría de un encuentro.

    TERE

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