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miércoles, mayo 13

Si hubieras estado aquí


¡Si hubieras estado aquí!,
si el tiempo y la vida tuvieran pasaje de vuelta,
si tu mirada y mi sonrisa, como entonces,
no precisaran palabras;
esas olas espumosas de ida y vuelta
te habrían sobrecogido, como entonces.
Y como entonces,
hubieras saboreado la sal de mis ojos,
el rubor de mi rostro que tanto amabas,
la piel de terciopelo, después del amor,
los momentos postreros,
el olvido del reloj sobre la mesita,
y ese sueño reparador que nos envolvía
hasta dejarnos fuera del tiempo,
alejados de la tediosa realidad
abandonados, confiados, como niños.

Teresa. Abril de 2012


jueves, mayo 31

Rebelión: mujeres poetas olvidadas


Serán las madres las que digan: basta.
Esas mujeres que acarrean siglos
de laboreo dócil, de paciencia,
igual que vacas mansas y seguras
que tristemente alumbran y consienten
con un mugido largo y quejumbroso
el robo y sacrificio de su cría.
 
Serán las madres todas rehusando
ceder sus vientres al trabajo inútil
de concebir tan sólo hacia la fosa.
De dar fruto a la vida cuando saben
que no ha de madurar entre sus ramas.
No más parir abeles y caínes.
Ninguna querrá dar pasto sumiso
al odio que supura incoercible
desde los cuatro puntos cardinales.
 

Cuando el amor con su rotundo mando
nos pone actividad en las entrañas
y una secreta pleamar gozosa
nos rompe la esbeltez de la cintura,
sabemos y aceptamos para el hijo
un áspero destino de herramienta,
un péndulo del júbilo a la lágrima.
Que así la vida trenza sus caminos
en plenitud de días y de pasos
hacia la muerte lícita y auténtica,
no al golpe anticipado de la ira.

¿Por qué lograr espigas que maduren
para una siega de ametralladoras?
¿Por qué llenar prisiones y cuarteles?
¿Por qué suministrar carne con nervios
al agrio espino de alambradas,
bocas al hambre, sombras al espanto?
¿Es necesario continuar un mundo
en que la sangre más fragante y pura
no vale lo que un litro de petróleo,
y el oro pesa más que la belleza,
y un corazón, un pájaro, una rosa
no tienen la importancia del uranio?

Angela Figuera (de El grito inútil)

miércoles, mayo 23

Un poema de Pedro Sevilla

Labrando las viñas (Alberite de San Juan, Zaragoza, ca. 1950)


ESCRIBIR ES SEMBRAR

LLEGABA por las tardes, al sol puesto,
y sin decirle nada me sentaba a su lado
porque junto a su pecho se esfumaba mi angustia
y también porque olía su ropa a sol y a lumbre,
a campo y a honradez.

Cuando el sol era ya sólo un recuerdo
volvía del trabajo con su eterno cigarro,
con sus blancas camisas jornaleras,
y mientras preparaba mi madre agua caliente
y él ponía en la radio las noticias,
yo me daba a pensar, a imaginármelo
esparciendo semilla entre los surcos
que luego el sol, el agua y la paciencia
mudarían en verde y en espigas,
en pan para las dulces meriendas de los niños.

Por eso ahora lo imito. Y por eso
ahora que soy mi padre
esparzo estas palabras
en el raro silencio de un cuaderno,
les pongo el corazón y espero que germinen:
que la escritura alcance madurez cereal
y que un día alguien pueda,
como un trozo de pan y de memoria,
hacer de estos poemas su alimento.

jueves, febrero 16

La vendedora de versos

Deambula como un alma en pena por las solitarias calles de la vieja ciudad. Sus pasos no parecen tener un horizonte preciso; la mirada fija, el cuerpo, ligeramente inclinado hacia adelante, se balancea con indolencia, cansinamente. Es la viva imagen de la soledad. De vez en cuando, sin que haya una razón muy clara, se detiene y llama la atención de algún viandante… hombre, mujer… Da igual. Abre un viejo bolso del que extrae unos papeles, manuscritos de una letra algo arcaica. Soy escritora, dice, sin ningún pudor. Son versos, prosa poética que desparrama esperanzada en sus tristes días de mujer solitaria. Generosamente los ofrece a cambio de la voluntad. Confuso y desconfiado ante tan extraño regalo, un caminante la mira, busca la mejor excusa y apresura el paso, mientras una ráfaga de viento arrastra cuartetos, pareados,  y apasionados sonetos, por las tristes y solitarias calles de la vieja ciudad.  

lunes, agosto 10

El pilar de La Carrera


   Año 2002 

El pilar en la actualidad

                                                           Si quieres, puedo contarte cosas
sobre ese viejo pilar
                                                             que ahora relumbra y centellea,
 tras años de lenta agonía.

Si hubieras nacido antes,
sabrías de hermosas historias,
que sólo las viejas piedras
que cubren la fuente  
guardan en su memoria
O alguna de aquellas muchachas,
testigos de atardeceres
preñados de promesas de amor,
te contaría entre sonrisas nostálgicas
el palpitar de la calle
 cuando, jóvenes aún y hermosas,
con el cántaro de barro,
y el rubor en las mejillas
hacían el camino

Evocaría esa última visita al espejo,
Y la voz de la madre:
¡Qué te quiero aquí ya mismo!   
Y el paso veloz, con disimulo,
al encuentro de la amiga,
cómplice de amores y amoríos.

Anhelos y miradas que se cruzan,
 la ronda, el tímido  requiebro.
 Rudos y fornidos muchachos,
parcas y torpes palabras
que buscan un gesto,
sólo una pícara sonrisa ,
un algo de esperanza
para el ardiente enamorado,
que noche tras noche
aplaca su sed
en el viejo pilar de siempre. 
Chiclana, verano de 2015             
                                           

sábado, enero 26

El llano de mi infancia




 El llano de mi infancia envejece sin piedad,
casas humildes y humildes ventanas,
historias muertas entre sus paredes,
puertas cerradas a cal y canto,
desconchones, grietas, como cicatrices
que el tiempo profundiza sin remedio.

¿Dónde fueron las risas inocentes?
¿Qué fue del incansable juego de las niñas,
las viejas, con su labor, al calor del sol,
el eco de las tertulias en las noches de verano,
los gritos de las madres, llamando para la cena?

Queda esta imagen en sepia,
que recuerda un mundo desaparecido,
y la nostalgia que, a veces, me invade,
hasta hacerme esbozar poemas,
que son sólo el llanto de la niña que llevo dentro.

domingo, enero 6

Las abarcas desiertas



                                                                            Miguel Hernandez
                                                                Hijo de la Luz y de la Sombra


Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

domingo, diciembre 2

Luis Pastor: Yo vengo de un tiempo de cerezas

No había seguido nunca a este cantautor. Ha coincidido en el tiempo con muchos otros a los que todos conocemos, pero se ha mantenido mucho más puro, más al margen de los grandes circuitos y de los intereses de las casas discográficas. Es más que un cantante, un poeta y uno de esos escasos bohemios que corren por ahí, viviendo de sus poemas y sus canciones. Aparece en un escenario desnudo y sin aire acondicionado, en una población cercana a Jerez, en pleno invierno. Le acompaña su mujer, que le hace la segunda voz, una guitarra y otro instrumento de cuerda, de esos que se usan en la música popular, (creo que se llama Timple) y Con esos simples elementos, y su cercanía, nos deleitó e hizo que olvidáramos el frio. Fue hermoso
Estas letras me parecen geniales, y es que también él es de mi generación y nació en un pueblo extremeño, desde donde emigró a los Madriles.      
             
                             Yo vengo de un tiempo de cerezas
  
Yo vengo de un tiempo de cerezas
De la espiga del viento y de la hoz
Mapa que retiene la memoria
Como una fotografía en blanco y negro
Yo vengo de un tiempo que me nombra
Con espada de madera y crucifijo
En la escuela se cantaba el cara al sol
Y en la calle a Molina y Joselito.
Era el tiempo de ser niño.
Por la dulce voz, por el agudo grito
La calle una plaza abierta.
La plaza un planeta unido.
Con calles a muchas puertas.
Casas de abuelos y de primos
Era el tiempo del caballo y de la yegua
De los cerdos, las gallinas y los nidos
Y el huerto con todos sus manjares, olores y sabores
Que mi padre labraba, artesano del surco.
Escultor del manzano y de la higuera.
Sabio en su oficio, dueño de la hazada y la guadaña
Gigante humano domando la tierra
Era el tiempo de la era y de la trilla.
Campanas y cigüeñas. Paraíso del pobre.
Pan y espigas
Era el tiempo del trino y el jilguero
Cantaor de coplas, ruiseñor de sueños
Era el tiempo de la radio y de los rezos
De las tristes procesiones para muertos
De los muertos tan cercanos a la era
De los lobos y bandidos por la sierra
Era el tiempo de los juegos en pandilla
De la comba, de la piedra,
Del pinchete, de la pídola
Y el verano, como un año al sol entero
Con siestas en la manta por el suelo
Era el tiempo de la madre y sus caricias
De su dulce voz, de sus ojos dulces,
De su tierna risa
Del abuelo y su secreto de tristeza
Que ahogaba cada noche con vino de taberna
Era el tiempo de la pana y los remiendos
Del café de estraperlo,
De la sopa de tomate y de patata
Del pecado que mata. 
Del miedo, del castigo y del perdón
Era el tiempo de temer a dios

                                                                      Soy


Soy un rayo
nacido del grito,
feliz meteorito,
de alguna explosión.
Soy la unión
de dos cuerpos celestes,
mi madre y mi padre
en el ojo de Dios

Vine al mundo
con la sementera,
el trigo en la era,
el fruto en la flor.
Arrancado del
surco del huerto,
tomate, pimiento,
patata y melón

Soy un viejo
pupitre de escuela,
pizarra, tintero,
cartera y catón

Yo también
comí queso amarillo,
bebí leche en polvo
y canté el Cara al sol
Soy el cuerpo
sagrado de Cristo,
rosario, novena,
pecado y perdón
Soy un pobre
corral de gallinas,
castaño y encina,
oveja y pastor

Soy lo que fuimos ayer,
soy lo que está por venir,
soy un deseo de ternura,
un canto de cuna,
soy parte de ti



Un marinero sin mar,
un extremeño en Madrid,
un árbol de Berzocana,
la flor de jara
de tu jardín
Soy un leve
murmullo del viento,
caricia del tiempo,
diciéndome adiós
Soy recuerdo
de un largo viaje,
familia emigrante
a una vida mejor

Soy memoria
de un tiempo de barrio,
ciudad de extrarradio
de lata y cartón
Soy un verso
lanzado al futuro,
proyecto seguro,
guitarra y canción

Luis Pastor