Me hizo mucha ilusión poder compartir un rato con Amancio Prada. Rescaté un LP suyo de los años 70 que estaba con mi colección de discos de la época y me lo firmó . Un hombre encantador y un gran artista, estupendo cantante y músico del que disfrutamos en el Ateneo Siglo XXI. Los más jóvenes quizás no lo recordáis, pero los que pasamos de los 60 y nos gustan los cantautores, ha sido uno de los mejores. Gracias a mi compañera Maria Gutierrez y a Antonio Herrera por las fotos.
sábado, febrero 14
Encuentro con Amancio Prada
Me hizo mucha ilusión poder compartir un rato con Amancio Prada. Rescaté un LP suyo de los años 70 que estaba con mi colección de discos de la época y me lo firmó . Un hombre encantador y un gran artista, estupendo cantante y músico del que disfrutamos en el Ateneo Siglo XXI. Los más jóvenes quizás no lo recordáis, pero los que pasamos de los 60 y nos gustan los cantautores, ha sido uno de los mejores. Gracias a mi compañera Maria Gutierrez y a Antonio Herrera por las fotos.
miércoles, septiembre 24
Muertes a destiempo
Me ha pasado más de una vez. De pronto, conecto algo de la realidad con una persona que he conocido en otro tiempo y de la que perdí el rastro. Entonces miro en Google. Pongo su nombre y me sale la noticia de su muerte.
Ayer fue uno de esos días. Viendo imágenes de las lluvias de Montserrat, recordé a Juan Carles. Busqué en mi memoria hasta dar con su apellido. No me costó mucho, la verdad, a pesar de que no tuvimos una relación muy larga ni muy intensa.
Juan Carles murió hace poco tiempo, apenas tres o cuatro años. Tenía sólo 60. Lo conocí en la década de los ochenta, cuando solíamos frecuentar una comunidad de jóvenes que se proponían convivir en una masía preciosa, cultivar sus propias hortalizas y practicar un cristianismo algo alejado de las consignas del Vaticano. Cristianos, si, pero no tanto. De hecho, la convivencia allí era mixta: hombres y mujeres y sin guardar los votos propios de la Iglesia. Nada de renuncia al sexo, ni obediencia. Una comunidad democrática y libre.
Fue una experiencia que duró poco. Luego, cada uno de ellos encontró su propio camino y ahora ya son personas adultas, que han ejercido profesiones diferentes y ya están jubiladas en su mayoría.
A Juan Carles lo traté especialmente porque a través de él y de otro amigo, pude acceder a dar clases de ética profesional en la Escuela Universitaria de Trabajo Social. Juan Carles era Doctor en Filosofía. Un intelectual que le costó mucho aclarar su vocación. Finalmente entró en Montserrat como monje. A través de todo el proceso que se sigue en esa Abadía, parece que llegó a ordenarse sacerdote.
Tuve algunas conversaciones con él cuando yo me preparé las clases que había impartido él y Paco Grande, amigo suyo. Ambos dejaron la enseñanza porque estaban en proceso de búsqueda. Y ahí aparecí yo que estaba buscando trabajo. Confiaba en sus conocimientos, ya que los míos eran escasos en esa materia. Él siempre fue amable y sencillo. Me aclaró aquellos conceptos más propios de la Filosofía que yo nunca había estudiado. No me sentía juzgada. En definitiva: en el poco tiempo que tuve relación con él se desarrolló una simpatía mutua y un mutuo aprecio. Y como éramos de mundos muy diferentes, perdimos el contacto.
Esta mañana me he sentido tocada al verlo en una imagen y saber de su muerte tan inesperada; inesperada para mí, claro está. Supongo que en su ambiente fue algo que tuvo un proceso. Pero he tenido ganas de llorar. Por él y por esos otros y otras, amigos y amigas, conocidos con mas o menos profundidad, que en los últimos años se han marchado de este mundo cuando todavía eran demasiado jóvenes.
Así he ido perdiendo personas de mi entorno que me han dejado una huella más o menos profunda. Creo que mi estado de ánimo actual está condicionado por esas pérdidas. Siento que la muerte me acecha y que más pronto que tarde puede llamar a mi puerta. Esta sensación es nueva para mí. He perdido las ganas de vivir, de aprender, de viajar, de escribir y hasta de leer. Mi sonrisa; esa sonrisa que en tantas fotos de la última década me hacía parecer feliz y más joven, se ha apagado. Soy plenamente consciente.
Ay, querido Juan Carles. Seguro que otras personas, como yo, han perdido tu rostro bondadoso y tu actitud cariñosa y receptiva. Tenías cualidades de santo y espero que si existe ese Dios en el que tu creías, te haya acogido donde quiera que esté.
jueves, septiembre 11
Una adolescencia poco convencional
Aquel mes de septiembre se anunciaba como un tiempo sin contenido claro. En junio había terminado la enseñanza primaria con muy buenas notas; pero sólo tenía 12 años. ¿En qué se iban a convertir a partir de entonces sus días? Allí no había posibilidades de elegir. Algunas de sus compañeras ya llevaban al menos un año en la capital estudiando el Bachillerato y tenían un horizonte claro. Seguramente se convertirían en maestras. Ella no. Su familia no podía permitirse invertir los pocos recursos económicos de que disponían en pagar un colegio en la ciudad. Le gustaba estudiar. Siempre había disfrutado con la vuelta al cole al finalizar el verano. Sentía curiosidad por lo nuevo, y sabía que se encontraría a sus compañeras de siempre, con las que se lo pasaba muy bien en el recreo.
Pensar en otra alternativa le resultaba difícil, porque el
pueblo no ofrecía nada para esa edad. Si acaso aprender a coser en algún taller
de costura. No le entusiasmaba. No era lo suyo. Su padre la sorprendió. Se le
ocurrió hablar con Juan y Sebastián, los escribientes del Sindicato de
Labradores y Ganaderos. Eran dos personas muy afables, que recibieron la
propuesta de aquel hombre sencillo con sorpresa, pero entendiendo que era una
posibilidad para una niña con fama de aplicada: sería una auxiliar para ellos y
al mismo tiempo aprendería a escribir a máquina.
Con cierto miedo y timidez, se dirigía cada mañana a aquel edificio que a ella se le antojaba muy antiguo, aunque bonito. Tomaba asiento delante de una mesita donde una máquina de escribir Olivetti esperaba que alguien la hiciera rejuvenecer, ya que tenía unos cuantos años y sus teclas empezaban a oxidarse por falta de uso. Una Lexicon 80. Un trasto muy grande, pero estupendo para aprender.
Quizás no estaba muy segura de que era una pionera. No
pensaba en esos términos. No le importaba el hecho de que ninguna chica, hasta
entonces, había ocupado una mesa en aquella institución tan tradicional. Pronto
le dieron algunas responsabilidades administrativas muy básicas, como pasar a
los libros de registro las comunicaciones que llegaban de entidades parecidas,
o de la administración pública en general. Con aquella letra tan infantil,
trasladaba a los libros todo lo que llegaba por correo. Allí dejó su rastro de
niña que aprendía a marchas forzadas, todo lo que sus mayores le encargaban. No
era consciente de que estaba haciendo historia y que pasado el tiempo, alguien
se acercaría a aquellos registros y se encontraría con una parte de ella. Recuerda
que aquellos años muchos hombres salían hacia Alemania como emigrantes, y todo
el papeleo se hacia en el sindicato. También aquellas tareas se las encargaban
a ella: rellenaba los impresos y los pasaba a cada interesado para la firma. Se
sentía importante, para que va a negarlo. Tenía sólo 14 años y manejaba asuntos muy
serios. Ahora es cuando puede valorarlo.
Cuando ya ha pasado de los 70 y siente cierta ternura por
aquella adolescente que no se comportaba como tal, porque tenía responsabilidad.
Sus funciones estaban a medias entre el aprendizaje y el trabajo. Por eso a
veces piensa que ella no ha tenido adolescencia. Ahora, cuando se inicia la vuelta al cole, se
entretiene en volver a aquella imagen, pero sobre todo se detiene en el empeño que
ponía en pasearse por las calles del pueblo, hasta llegar a la zona alta, donde
vivía, con su libro de mecanografía a la
vista. Si, a la vista, porque quería dejar claro que ella era una jovencita
interesante, que quizás no estaba estudiando el bachillerato, pero si ensayaba
para convertirse en una futura secretaria de las que escribían más de 200
palabras por minuto. No lo podía imaginar siquiera, porque era un mundo
desconocido para ella, pero en las películas sí lo había visto.
miércoles, julio 30
Quien sabe donde está la felicidad
A veces las casualidades nos ayudan a encontrar, entre tanto bodrio, una buena película. Esta vez ha sido una de esas que te hacen reconciliarte con la vida y con la bondad de las personas. "Lunnana, un yak en la escuela" es una historia tan hermosa que no querrías que acabase. Según parece, (yo no tenía ni idea) hay un país en la zona del Himalaya, cuyos gobernantes dicen buscar la felicidad de sus gentes y para ello se esfuerzan en tener maestros incluso en lugares muy muy remotos, donde nadir quiere ir. Pues sí, Lunana existe. Allí transcurre esta preciosa historia. Un pequeño pueblo y un distrito en Bután. Lunana es conocido por ser una de las comunidades más aisladas y remotas del mundo, situada a gran altura y de difícil acceso. La película está ambientada y filmada en este lugar, mostrando la vida de sus habitantes y su entorno único. Un maestro llega a la comunidad y llega por pura obligación, ya que el gobierno lo envía allí a terminar sus prácticas.
De hecho, él debe devolver a su gobierno lo que el gobierno a hecho por él, es decir, pagarle los estudios para poder dedicarse a enseñar. Pero el, joven influido por los medios de comunicación y las redes, está empeñado en ser cantante y marcharse a Australia, donde espera ser más feliz que en ese pequeño país al que considera atrasado y pobre. Finalmente, no le queda otro remedio que marcharse y pagar la deuda que tiene contraída con el reino de Butan. Llegar a Lunana requiere una caminata de ocho días desde la localidad más cercana, sin acceso a carreteras. El muchacho lo pasa fatal en el viaje y está a punto de volverse. Finalmente llega al pueblo de Lunana, donde lo reciben con los brazos abiertos y con la ilusión de poder contar por fin con un maestro. Los primeros días son tremendos. La película muestra cómo los habitantes de Lunana viven sin electricidad, utilizando la luz solar para recargar baterías y con un estilo de vida tradicional. La escuela no tenía materiales, ni condiciones que para un joven como él, que viene de la ciudad, resultan imprescindibles. Sin embargo, la alegría y la capacidad de los niños para implicarse en las clases, la creatividad y la ayuda del pueblo, va creando un ambiente de colaboración que transforma su decepción en esperanza. En realidad, lo que nos muestra la historia es que si alguien tenía que aprender era el maestro. Y así fue. Las enseñanzas que sacó de su corta estancia en Lunana, y los vínculos de afecto con los niños y los vecinos, resultaron eficaces para replantearse si su objetivo en la vida era el que había pensado antes de esa experiencia, o quizás tenía que cambiar y aceptar que la felicidad está en otro lugar y con otros valores. La película "Lunana: A Yak in the Classroom" fue nominada al Oscar a Mejor Película Internacional, destacando la belleza y singularidad de la región. Buscadla en la plataforma AMAZON PRIME.
viernes, junio 27
El caftán azul: Amor, deseo, miedo, generosidad, renuncia.... Emoción
viernes, junio 13
NADA SE OPONE A LA NOCHE
Ayer terminé la lectura de una de las novelas que más me han impactado en los últimos años. Es un relato tan crudo, tan realista, tan extraordinario sobre la vida de una familia tan poco convencional, que resulta difícil identificarse con alguno de sus personajes. Cuando entras en esta historia no puedes abandonar la lectura, tal es el interés de cada miembro de la familia y de la vida de todos ellos, alejada de los convencionalismos y normas de la sociedad. NADA SE OPONE A LA NOCHE es un vómito, un ajuste de cuentas, una catarsis, una forma de intentar comprender qué ha pasado para que en esa familia, en principio tan luminosa, libre y feliz en la infancia, sucedan una serie de cosas que arrastren a varios de sus miembros al dolor, la locura y el suicidio. Delphine de Vigan, la autora del libro, es a la vez la tercera generación de la familia, hija de Lucile, personaje para mí principal y extraordinario desde muchos puntos de vista. Las últimas páginas de esta narración autobiográfica son de un ritmo tan brutal que no puedes dejar de leer, te arrastra página tras página, a pesar de que todos sabemos cómo acaba la historia, porque está explicado al inicio. Totalmente recomendable, aunque durísimo.
SINOPSIS: Después de encontrar a su madre muerta en misteriosas circunstancias, Delphine de Vigan se convierte en una sagaz detective dispuesta a reconstruir la vida de la desaparecida. Los cientos de fotografías tomadas durante años, la crónica del abuelo de Delphine, registrada en cintas de casete, las vacaciones de la familia filmadas en súper ocho o las conversaciones mantenidas por la escritora con sus hermanos son los materiales de los que se nutre la memoria. Nos hallamos ante una espléndida y sobrecogedora crónica familiar, pero también ante una reflexión sobre la «verdad» de la escritura, porque son muchas las versiones de una misma historia y narrar implica elegir una de esas versiones y una manera de contarla. Y esta elección a veces es dolorosa, porque en el viaje de la cronista al pasado de su familia irán aflorando los secretos más oscuros. La novela más galardonada (5 premios) en Francia en 2011 y con mayor número de lectores (500.000). «Un bello canto de amor filial» (Fabrice Gaignault, Marie Claire). «El resultado se revela cautivador y salvífico» (Alexandre Fillon, Le Figaro). «Un relato sensible y fascinante, que nos devuelve el eco de nuestras propias heridas» (L?Express). «Este magnífico testimonio la confirma escritora contemporánea de referencia? Sus reflexiones sobre la necesidad de escribir para aprehenderla realidad o sobre el significado de la lectura y la cultura para el desarrollo intelectual y moral del individuo componen uno de los centros de atracción más poderosos del libro. Son muchas las razones por las que Nada se opone a la noche se convirtió en la novela más galardonada en 2011 en Francia, con cinco premios, y la más vendida, con 500.000 ejemplares. De Vigan está reinterpretando su familia? Su libro se acaba convirtiendo en un perfecto espejo donde se refleja lo que se podría considerar alma familiar o ADN emocional? La intensidad del libro es, sin duda, otro de los méritos de esta espléndida obra? Esta novela, en su voluntad de interpretar la superficie, nos arrastra hacia estratos abisales donde se configura lo que somos. En definitiva, imprescindible» (Sònia Hernández, La Vanguardia). «La escritora indaga en el origen de un dolor interno que, más que conocer, intuye. Un rastro que la llevará a descubrir, bajo ese telón de familia ejemplar, secretos ocultos? La obra se planteó como una cartografía personal, pero la narración también se erige como una oportuna y sincera reflexión sobre la objetividad de la memoria y la función de la literatura ?sus posibilidades, dificultades y límites?, al abordar los irregulares y complejos contornos biográficos» (Javier Ors, La Razón). «De Vigan esculpe una historia conmovedora y enormemente contemporánea, existencial, al abrir en canal la memoria familiar? De Vigan se enfrenta a la violencia de los secretos con el arma de la escritura, en un ejercicio experimental que supone también una reflexión sobre la propia redacción? Una novela rotunda, violenta, pero con esa armónica fragilidad de los vínculos afectivos? Es también un canto a la supervivencia, al amor irrenunciable, enfurecido y resignado a los nuestros. A la madre que nos tocó y a la madre que nos hubiera gustado tener. A la madre que nos cuidó y a la que no nos protegió, a la que estuvo y a la que se ausentó. A la madre viva y a la madre muerta. Un canto a la herida mortal que nos conforma y nos destruye, como un estigma invisible, y que la mayoría llama familia» (Sandra Faginas, La Voz de Galicia). «Un relato híbrido y oscuro que mezcla narrativa convencional y autobiografía» (Lucía Lijtmaer, Marie Claire). «Una novela catártica en la que trata de entender la vida y muerte de su madre» (Isabel Loscertales, Woman). «La novela de Delphine de Vigan, que ya arrasó en Francia el año pasado, aterriza en nuestro país con la intención de llegarte al corazón» (Glamour). FUENTE: La Casa del Libro.
lunes, mayo 5
Dia de la madre
No te echo de menos. No. Eso no lo puedo decir en las redes, donde unas y otras no paran de ensalzar ese amor universal que tienen las madres, y la suya, claro, también.
Ante tal dispendio de frases hechas, lugares comunes y nostalgias de un tiempo de amor incondicional y felicidad, yo me quedo sin palabras. Qué pasaría, pienso, si me lanzara y dejase en la red una imagen materna cicatera en abrazos y palabras amorosas, severa, exigente, impaciente y sin capacidad para escuchar las necesidades psicológicas y afectivas de sus hijos. Un ser incapaz de ofrecer consuelo, y alivio cuando una pena te deja con el ánimo echo pedazos.
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Quiero compartir esta entrevista con todas las personas que se acercan a esta ventana. Adriana Kaplan es una Antropóloga vocacional. Doy f...
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"Yo soy feminista, tanto por temperamento e intelecto, y mis...
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Es pura casualidad haber recordado a esta estupenda cantante de los primeros años sesenta. Pero me sirve para hacer una reflexión sobre ...


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